
Al tiempo le faltan minutos para dejarte a mi lado, cuando es hora de partir. Le faltan segundos para amarrarme a tu presencia. Al tiempo le falta fuerza de voluntad, y es que no se detiene, aunque quiera. Le falta obediencia, cuando a gritos mudos le imploro que deje de contar los segundos, y camine un poco más despacio. Al tiempo le faltan ganas de apurarse, le faltan ganas de cambiar, le faltan ganas de salir corriendo, a una mejor realidad.
Al tiempo le faltan convicciones, le hace falta la muerte. Le hace falta un poco de alegría, y yo hago mi mejor intento por llenarlo de paz. El tiempo se tardo 19 años, en presentarme a la “felicidad” y aunque hubiese querido conocerla antes, sabía que habría de venir y espere pacientemente, para verla llegar y hoy que está conmigo, no quiero que nada haga, que ella cambie de hogar.
Al tiempo le faltan ganas de complacerme y se limita a seguir su curso normal, acompañado de un reloj, dos agujas, una taza de café y una que otra sonrisa en pausa, de esas que a veces deseas ver, sentir, oler, escuchar y saborear.
Al tiempo le faltan muchas cosas pero le sobran las razones para NO volver atrás. El tiempo ha caminado muchos kilómetros y las huellas de sus pasos se borraron con el viento y la lluvia que azotó en aquel momento, mi confusa realidad. No puedo caminar para atrás, y es más fácil olvidar, lo que no me sirve para avanzar.
Al tiempo le falta un poder especial, ese que me acerque a ti, cuando la distancia nos quiera separar. Al tiempo pueden faltarle muchas cosas, pero le sobran razones para enamorarse de ti. Yo hoy cuento con razones suficientes para quedarme aquí, se detenga el tiempo o no, yo no me iré de tu lado, y jamás quiero dejarte partir. El tiempo contigo importa lo necesario, y sé que cuando el tiempo ya no tenga más camino por recorrer, seguiremos siendo tú y yo, cómplices de amor.
Seguiremos siendo tú y yo... Aun después de la vida, aun después del tiempo.
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