De repente me llegaste tú, me has llenado el corazón de vida.
No te vayas nunca de mi lado. Quédate.
Cada vez que pienso en ti, tengo motivos para amarte siempre hasta la eternidad.
Y cada vez que pienso en ti se nota que esto es algo diferente a cualquier forma de amor.
Me iluminaste con tu dulce voz y ahora nunca voy a dejarte ir. ♪



2 de mayo de 2013

Mi experiencia con los niños que sufren de cáncer



Aún no he empezado a escribir y se me llena la mente de recuerdos tan lindos que viví estos últimos meses que estuve con ustedes. Quiero empezar diciendo que son una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, haberlos conocido fue hermoso, fue mágico para mí. Recuerdo haber tenido muchas ilusiones de conocerlos y una vez que los conocí, mi vida cambió. En los ojos de ustedes yo encontré mucha fortaleza, nobleza, bondad, y una dulzura que iluminó y llenó mi vida de una manera que no puedo explicar. Recuerdo haberme enamorado de la sonrisa de Danny, haber visto esos ojos café miel y no poder evitar sonreírle de regreso cada vez que él me sonreía. Llegué a la sala y todo era nuevo para mí, es difícil comenzar en un lugar donde no conoces a las personas pero cada uno de ustedes me hizo sentir en casa, tuvieron un gesto aunque sea pequeño, que me atrapó y  en cada uno de sus papás yo pude ver a una familia que lucha, que quiere lo mejor para ustedes. Recuerdo los preparativos de cumpleaños, arreglar la sala de juegos y emocionarme pensando cuanto iba a gustarles a ustedes, cómo iban a divertirse. La sonrisa de cada uno de ustedes era todo lo que necesitaba para estar bien, iluminan el mundo con sus sonrisas, y cambian a las personas, eso lo sé por experiencia. Como quisiera quedarme meses más, volver el tiempo atrás y repetirlo todo, repetir las pláticas con Ariany y su mamá, repetir las risas con la mamá de Maryuri, volver a experimentar que se siente que una niña tan linda como Winslet te de un beso tierno y te abrace. Quisiera volver al momento donde Hilary me dijo “tita” por primera vez y me dio un beso. Son recuerdos que no voy a olvidar, que valoro muchísimo dentro de mi corazón.

No todo siempre fue lindo, hubo muchos momentos difíciles. Cuánto cuesta despedirse, decir adiós, dejar ir. La lucha que ustedes viven día a día, no es fácil y solo ustedes saben todo lo que tienen que pasar para estar bien, buscando la salud y estoy segura que no cualquier persona podría aguantar todo lo que ustedes si, es algo que entendí y comprendí, es difícil este camino, ustedes de verdad son unos luchadores, y como es la historia, algunos ganan y otros pierden la batalla pero lucharon, no se dieron por vencidos y eso es algo que todo ser humano debe valorar, la fortaleza que construyen en este trayecto difícil que les toca vivir. Cuantas veces no quise estar en su lugar para evitar que los pinchen una vez más, para secar esas lágrimas cuando sentían dolor. Cuantas veces me dormí rezando por ustedes, porque el día siguiente amanecieran sintiéndose mejor, sin vómitos ni nauseas. Yo les hubiese dado mis venas, mis brazos, para que me pincharan a mí, en vez de ustedes, cuantas veces quise ayudar, dándoles un abrazo o un beso, consentirlos para que se sintieran mejor.

Hace un par de días dejé de ir al hospital y ya los extraño, extraño sentarme al lado de sus camas y preguntarles cómo pasaron la noche, darles un globo del color que prefieran para dibujarles una sonrisa. Sentarme con Danny a platicar, queriendo hacerle cosquillas para que me dejara darle un abrazo sin que se pusiera tímido. Me hace falta la risa de ustedes por la mañana, las pláticas con sus papás, el abrazo sincero de ellos, al sentirse escuchados y apoyados. Me hace falta sentarme con Maydi a platicar de música, mi amor por Justin Bieber y la vida de los famosos. Me hace falta esa capacidad que ustedes siempre tuvieron de hacerme sonreír hasta con pequeñas cosas, de cambiarme el ánimo en un segundo, con sus vocecitas de chiquitos y sus palabras tiernas. Me hace falta estar con mis tres princesas, Ariany, Winslet y Sofi, reírnos, pintar con acuarelas, llenarnos de pintura las manos, abrazarnos todas, cantar, saltar, y sentir ese abrazo tan lindo cuando al verme gritaban: “Martita” y me abrazaban mientras me saludaban.

Como voy a extrañar esos momentos, no tienen idea.

No puedo evitar llorar con todo esto, me duele tener que irme, porque significa que no voy a estar ahí para darles los buenos días, para darles un beso en la frente cuando tengo que irme. Los voy a extrañar cada día al despertarme, pero no voy a dejarlos solos, voy a tratar de visitarlos cuando pueda, abrazarlos para no extrañarlos tanto.

Les juro que estos tres meses fueron cruciales para mi vida, yo jamás creí que un grupo de niños, con sus papás y sus historias individuales iban a cambiarme la vida como lo han hecho. Con ustedes entendí que las cosas pueden cambiar en un segundo, que nadie está exento de sufrir, de pasar momentos difíciles pero todos podemos elegir luchar y pelear; ustedes eligen pelear por su vida, y no es fácil observar como algunos logran vencer la enfermedad y otros no. Es por eso, que todos ustedes me enseñaron una de las lecciones más importantes, no hay que dejarse vencer, no hay que bajar los brazos, aunque todo se vea difícil, aunque todo parezca desvanecerse. Allan es un ejemplo de esa fuerza, de esas ganas de vivir, y siendo tan pequeños, demuestran día a día que pueden ser más fuertes que muchos adultos.

No puedo dejar de lado a Jeremy y Ashley, dos hermanitos tan especiales, que ya tienen ganado el cielo desde ya. Chiquito lindo, me conquistaste, me enamoraste con tu risa y esos ojitos tan lindos. Jamás voy a poder sacarte de mi corazón, es increíble como logras atrapar y enamorar a todos los que te conocen, tenes ese ángel, esa chispa que atrapa y Dios tiene muchísimas cosas buenas preparadas para vos y tu familia. Te amo chiquito, te amo muchísimo, me cambiaste la vida, de una manera inexplicable.

Gracias por tanto amor, por tantos momentos hermosos. Alex, allá en el cielo, quiero que sepas que estoy muy orgullosa de vos, de lo feliz que hiciste a tus papás mientras estuviste con ellos, que fuiste uno de los niños más inteligentes y maduros que he conocido, que tus palabras de aliento no voy a olvidarlas, que espero haberte dado el cariño que quise darte, espero que en el cielo estés contento, alabando a Dios como siempre quisiste. Te extraño, pero sé que estas en un mejor lugar.

Por último, pero no menos importante, Mildred, estos es para vos.

Gracias por haberme enseñado tanto, por ser tan linda conmigo desde el principio, por enseñarme a querer a estos chiquitos, porque en tus ojos yo vi amor, por lo que haces y a quienes ayudas. Te admiro, no es fácil la labor que haces y aun así, lo haces de una manera impecable. No sé cómo explicar la alegría que sentía cada vez que al entrar a la sala del Leonardo, todos los niños corrían hacia vos, a abrazarte y llenarte de palabras lindas. Vos te has ganado todo ese cariño, por tu forma tan linda de querer a los niños, de hacerlos sentir especial. Te mereces todo el amor que ellos te tienen y mucho más. Espero Dios te devuelva al doble, todas las cosas buenas que das a los otros. Fue muy lindo haber compartido con vos este tiempo, nuestras maneras de ser se acoplaron y gracias por haberme hecho sentir como en casa, también. Gracias por la contención, por el apoyo, por las risas, los abrazos, por las pláticas, por haberme confiado aspectos importantes de tu vida, por haberme soportado en mis días difíciles y por dejarme conocer tu interior. Te voy a extrañar mucho, significas mucho para mí, te admiro y estoy segura que nuestros chiquitos no podrían tener una mejor amiga que vos, esa que siempre está para ellos, que siempre busca sorprenderlos, alegrarlos y dibujarles una sonrisa. Te quiero con el alma, gracias por todo.

Gracias Dios, por la enorme bendición de haberlos conocido. LOS AMO!

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